El Gobierno dispuso que quienes compren dólares al tipo de cambio oficial no podrán operar en los mercados financieros –dólar MEP o contado con liquidación– por un plazo de 90 días. La medida, anticipada en plena ronda bursátil, agitó dudas sobre la estabilidad de los acuerdos alcanzados y desató nuevas tensiones en el mercado cambiario.
El anuncio generó sorpresa en la city y fue leído como un regreso a los controles cruzados. El ministro de Economía, Luis Caputo, negó que se trate de un cepo: “Se cortó simplemente un kiosco de unos pocos que arbitraban los dos mercados. Estamos hablando de no sé si decirte 20 personas, más o menos”, justificó en una entrevista televisiva. Sin embargo, entre operadores e inversores prevaleció el escepticismo.
La normativa obliga a los ahorristas minoristas a firmar una declaración jurada en la que se comprometen a no realizar operaciones directas o indirectas de dólares financieros durante tres meses si accedieron al mercado oficial. Desde el Palacio de Hacienda defendieron la medida como un intento de “evitar distorsiones en el tipo de cambio” y frenar el “rulo” financiero, aunque en los mercados fue interpretada como un golpe a la confianza.
En la práctica, el dólar MEP saltó 3,7% y cerró en 1431 pesos, mientras que el contado con liquidación avanzó 4,8% hasta los 1470. El blue acompañó la tendencia y trepó 30 pesos, a 1440. El riesgo país volvió a superar los 1050 puntos básicos y las acciones de empresas argentinas en Nueva York se hundieron hasta un 7,2%, lideradas por Supervielle, IRSA y Edenor.
El contraste lo marcó el dólar mayorista, que cayó 10,1% en la semana y cerró en 1326 pesos, arrastrado por la liquidación del agro tras la eliminación transitoria de retenciones, que aportó 7000 millones de dólares en tres días. El Tesoro aprovechó para recomprar divisas por más de 1300 millones y reforzar reservas.
La licitación de deuda en pesos mostró un rollover del 130%, con fuerte demanda de bonos dólar linked, lo que dejó en claro que, pese a las divisas extraordinarias y al apoyo de Estados Unidos, las expectativas de devaluación persisten. La desconfianza se hizo sentir en los bonos en dólares, que volvieron a caer más de 5%, y dejó una señal clara: las presiones cambiarias siguen latentes y el interrogante es qué ocurrirá después de octubre.
