Estados Unidos atacó Venezuela y secuestró a su presidente

Estados Unidos atacó Venezuela y secuestró a su presidente

El presidente de Estados Unidos ordenó un ataque directo contra Venezuela y dispuso el secuestro del jefe de Estado, Nicolás Maduro, en una operación relámpago que duró apenas 47 segundos y que volvió a quebrar de manera abierta el derecho internacional. Tras el operativo, Donald Trump afirmó sin titubeos que Washington administrará el país sudamericano mientras “se concrete la transición”, una definición que profundizó el impacto político y geopolítico del hecho.

 

El raid incluyó la captura de Maduro y de su esposa, Cilia Flores, y se ejecutó luego de la violación del espacio aéreo y territorial venezolano, con el despliegue de tropas especiales, helicópteros y ataques con misiles sobre objetivos estratégicos. Según estimaciones del New York Times, la ofensiva provocó al menos 40 víctimas fatales entre civiles y militares, aunque el número definitivo aún no fue confirmado.

 

Las explosiones comenzaron en la madrugada del sábado y sacudieron a Caracas, ciudad natal de Simón Bolívar, cuyas palabras volvieron a resonar con fuerza: “Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad”. Dos siglos después, la capital venezolana volvió a ser escenario de una intervención armada extranjera, con misiles iluminando el cielo nocturno y una población que despertó sobresaltada.

 

Caracas no fue el único blanco. También se registraron ataques en el puerto de La Guaira, la base aérea de La Carlota, el complejo militar de Fuerte Tiuna, el aeropuerto de Higuerote y la localidad de El Volcán, donde funciona una central de comunicaciones. El propio Trump siguió el operativo en tiempo real desde su residencia de Mar-a-Lago, como si se tratara del estreno de una superproducción cinematográfica. Desde allí mismo brindó luego una conferencia de prensa en la que defendió la decisión y la inscribió en una lógica de “seguridad hemisférica”.

 

Detrás del argumento político, la operación expuso con crudeza una disputa por los recursos naturales venezolanos, en particular por las mayores reservas de petróleo del planeta. Se trata, según analistas, de una “guerra 2.0”, donde el control territorial se combina con intereses energéticos estratégicos. En ese marco, Trump incluso prescindió del rol de la oposición venezolana más alineada con Washington. Consultado por María Corina Machado, afirmó: “Creo que le sería muy difícil estar al frente del gobierno. No cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país”.

 

Un operativo de 47 segundos

El secuestro de Maduro fue ejecutado con información de inteligencia provista por la CIA, apoyo aéreo y ataques simultáneos sobre instalaciones militares clave. El presidente venezolano fue extraído del país junto a Cilia Flores y trasladado a una base militar en Estados Unidos, donde la administración norteamericana anunció que le formulará cargos por narcoterrorismo, en un proceso judicial extraterritorial sin sustento jurídico reconocido.

 

La llegada de Maduro al Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn fue exhibida como un trofeo político. Trasladado en helicóptero hasta Manhattan y escoltado por una caravana policial, el mandatario fue mostrado ante las cámaras. Su esposa también apareció esposada. Fuentes diplomáticas indicaron que el vuelo incluyó una escala técnica en la base de Guantánamo, territorio cubano ocupado por Estados Unidos desde 1903.

 

La reacción regional e internacional no tardó en llegar. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel calificó la ofensiva como “un acto de terrorismo de Estado contra el bravo pueblo venezolano y contra Nuestra América”. Con pocas excepciones —entre ellas Emmanuel Macron y Javier Milei—, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos repudiaron el secuestro. Brasil, Colombia y otros países expresaron su rechazo, mientras que China y Rusia denunciaron la violación de la soberanía venezolana. Según CNN, la Casa Blanca informó al Congreso estadounidense cuando la operación ya estaba en curso.

 

“Jamás volveremos a ser colonia”

Horas después del ataque, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió de manera interina las funciones ejecutivas y habló al país junto al Consejo de Defensa Nacional. “Jamás volveremos a ser colonia”, afirmó, al tiempo que reconoció como única autoridad legítima al presidente secuestrado. Rodríguez no descartó una instancia de diálogo, aunque rechazó de plano la idea de una “transición” tutelada por Washington.

 

La funcionaria también recordó las advertencias formuladas en vida por Hugo Chávez, quien denunció reiteradamente las amenazas de intervención extranjera. Chávez sufrió intentos de golpe de Estado, desestabilización permanente y persecución durante sus mandatos, y anticipó un escenario similar al actual.

 

Desde Naciones Unidas, el secretario general António Guterres expresó su “preocupación” por la violación del derecho internacional y advirtió sobre el precedente peligroso que supone la acción militar. Sin embargo, Trump fue más lejos: rodeado de su gabinete y del secretario de Estado Marco Rubio, lanzó una advertencia directa. “Estamos preparados para un segundo ataque”, afirmó.

 

Mientras tanto, en Venezuela quedaron los muertos y las ruinas. “Víctimas inocentes han sido asesinadas”, denunció el fiscal general Tarek William Saab. Los helicópteros negros se retiraron en la noche, dejando tras de sí un país golpeado y una región que vuelve a enfrentar los fantasmas de las intervenciones militares. El futuro de América latina, una vez más, quedó atado a la capacidad de resistencia de sus pueblos frente a la maquinaria de guerra de Estados Unidos.

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